Binnein Mòr

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300 años en una vida eterna apenas suponen un parpadeo, un acto reflejo, pura futilidad. El tiempo transcurre irredento cuando el alma nace inmortal. La condena de la eternidad. Como dice el lobo poeta, ‘a veces cuando me aburro, pienso en maneras de morirme’, morirme para volver a amar. Privilegio absurdo de mi deidad. El tiempo nada cura cuando la vida no tiene ni principio ni final. Habito las Tierras Altas de este mundo de ensueño: soy Binnein Mòr, un Alma Inmortal.

Los recuerdos albergan mi mente como gotas de lluvia que se diluyen en el mar. Cada uno de ellos es único, distinto, imborrable, irrecuperable en el abismo de la inmensidad. Tu sexo dentro del mío, nuestros cuerpos fundidos, aquel beso en mi pezón frío, como una gota de lluvia sobre el mar.

La memoria abarca solo aquello que deseamos recordar. Tus palabras desenfrenadas, tu mano bajo mi falda, tu pecho aprisionando mi espalda, mi sexo ardiendo en llamas, y un gemido al oído al borde de la fatalidad: ‘házmelo ahora, fóllame ya’.

Luego las guerras devastaron la Tierra. El ser humano cabalgó, látigo en mano, destruyendo a su paso todo signo de humanidad. Azotó con despecho campos de brezo y de heno, urbes y pueblos, a nobles y a plebeyos, dejando a su paso ríos de sueños muertos, cementerios de risas y escombreras de amistad.

La Tierra entonces llena de tristeza comenzó a llorar, ahogando en su llanto todo ser vivo, hombre, planta o animal. Dejó así la Tierra de ser tierra para convertirse en mar.

El recuerdo de tus labios en mi boca aún me hace estremecer. No recuerdo bien si tu amor vino antes o después de aquel devastador anochecer. Aquella noche en que la Tierra lloró un mar hasta convertir al hombre en pez. Ya no lo sé.

Tus manos aferrando mis nalgas. Mis muslos abiertos y tu sexo en mis entrañas, anhelando que me desgarrara el alma, que saciara aquellas ganas decabelladas de poseerte una y otra vez.

Antes o después… Ya no lo sé.

A veces cuando me aburro pienso en maneras de morirme, y que la muerte me lleve a tu lado un instante para volver a enloquecer.

Anna McLuckie – Get Lucky

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