La vida, divina comedia

Divina Commedia-Michelino

Desde jovencito, siempre me he preguntado en qué consiste realmente la vida. Ahora en la madurez, con la consiguiente regresión a la adolescencia, y antes de que la senectud me devuelva ingrata a la infancia, me lo sigo planteando una y otra vez.

Mi nombre es Dante y vivo en busca del Paraíso. Vivo este viaje que es la vida en compañía de dos amigos: Virgilio, que es mi razón, y Beatriz, que es el símbolo del amor.

El Purgatorio
La rutina del día a día me resulta una pradera plana, infinita y aburrida, en la que me dejo mecer como en una balsa a la deriva; una balsa rendida a la marejada que es la vida. Miro hacia el cielo desde mi balsa y veo a Beatriz, que me espera impaciente, con ansia. Mi amor observa mi falta de ímpetu e iniciativa para abandonar mi balsa a la deriva y nadar ardiente y sin pausa hasta su abrazo de vida. Ella me espera en el Paraíso, para llenarme de besos la nuca, el cuello, la espalda. Ella me espera descalza, para hacerme volar por cielos íntimos de deseo y de placer. Y yo, inmóvil, espero indeciso el milagro de encontrarla sin buscarla, el milagro de la sinrazón. Virgilio me habla: “Beatriz es un amor prohibido, inalcanzable, dañino, maldito. Vive tu vida en paz y en calma, según las escrituras de Dios y de tu alma. Echa ese amor al olvido, antes de que Dios te dé a ti por perdido”.

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