Salambó o la cinta de Moebius

Salambó se preguntaba cuántas formas distintas podría adquirir el alma humana. Se preguntaba si el alma sería como una cinta de Moebius, infinita en su recorrido pero con una sola cara.

Salambó buscaba su alma en el velo sagrado de Cartago, el Zaïmph. Su velo mágico había acariciado una vez sus hombros desnudos, deslizándose inocentemente por la voluptuosidad de sus senos, enroscándose travieso en su cintura, besando levemente la generosidad de sus caderas, atraído irresistiblemente por la humedad de su sexo, oculto apenas en el ardor de sus muslos.

Si la gravedad origina los movimientos a gran escala en la naturaleza, mientras que las otras tres interacciones fundamentales son predominantes a escalas subatómicas, ¿representará acaso la gravedad la importancia de las grandes cosas? ¿Serán acaso el electro-magnetismo, la interacción fuerte y la interacción débil el arquetipo de ‘las pequeñas alegrías’ a las que se refería Hesse? ¿Es acaso ‘gravedad’ sinónimo de ‘importancia’?

Matho había robado el Zaïmph de Salambó. Y con él, se había llevado su alma. La llevaba atada a su cintura para atraer a su amada hacia él, para enamorarla, para atraparla contra su pecho, para penetrar sus entrañas. Y una vez la hubiera poseído entre sus brazos, arrebatarle el corazón también. Matho anhelaba besar a su Salambó soñada, devorar una a una sus ganas, ahogarse en el mar de su sexo, saciar cada capricho de su piel… Y despertar con ella cada amanecer.

La ley de la gravitación universal newtoniana mantiene que la gravedad es la fuerza que mantiene en movimiento los planetas y las estrellas; que la fuerza que ejerce una partícula puntual con masa x sobre otra con masa y es directamente proporcional al producto de sus masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Salambó se preguntaba si sería la gravitación universal aplicable al alma. A mayor distancia, menor fuerza de atracción; y a menor distancia, mayor es la llamada. El Zaïmph debía de estar cerca. Toda su piel sentía su atracción endemoniada.

Sin embargo, ¿y si Einstein tenía razón y la gravedad es el efecto geométrico de la materia sobre el espacio-tiempo? ¿Será entonces el alma únicamente interpretable en una dimensión espacio-temporal? ¿Será entonces el alma mortal y al mismo tiempo inmortal? ¿Por qué tendría el alma la geometría de una cinta de Moebius?

Salambó llevaba sangre de héroe en sus venas. No temía enfrentarse a la vida que el destino le había asignado. El deseo brotaba descarnado por cada poro de su clara piel. Su sexo ansiaba ser penetrado, saciado, hasta lo más profundo de su ser. Y en ese deseo desaforado, retó a Matho a entregarle su velo robado, infiltrándose en el campamento mercenario furtivamente al atardecer.

Einstein describió la interacción gravitatoria como una deformación de la geometría del espacio-tiempo por efecto de la masa de los cuerpos. Salambó y Matho adquirirían entonces un papel dinámico al fundir sus cuerpos en un espacio y un tiempo imaginados. La fuerza del deseo les atraía irresistiblemente. Pero el poder del velo mágico evitaba en sus mentes devenir un solo ser. Ansiaban fundir sus bocas deseosas, sus manos entrelazándose rabiosas, sus pechos ardiendo entre llamas, sus sexos machihembrándose en la batalla, como la luz del amor que de repente brota furiosa en la oscuridad de un corazón a punto de enloquecer.

Continue reading

Advertisements

Breve historia del tiempo

The Brodgar Ring

“Nuestro universo es una de las posibilidades más probables”, o eso dice Hawking. Supongo entonces que la vida será, en definitiva, una alteración del orden natural del caos del universo, una especie de error cósmico, un desequilibrio, una eventualidad.

Paseábamos de la mano recorriendo el Anillo de Brodgar, durante una escapada de fin de semana a las Islas Orcadas. Justo al detenernos en el punto exacto desde donde se divisa el lago Stenness y el Harray, me abrazaste por la espalda para fundirte en mí. Devorabas mi cuello al tiempo que tu sexo, ávido de deseo, se excitaba contra mis nalgas.

Continue reading