Crónica de una muerte soñada

Termino mi cigarrillo, sin prisas, desde la terraza de nuestra casita frente al mar. Fumo despacio, en silencio, imaginando que cada inhalación marca un principio; cada exhalación marca un final. Inspiro. Espiro. Todo empieza y todo acaba en un espacio-tiempo continuo, sin solución de continuidad.
Cierro los ojos y te veo ascender desde la playa. Vienes corriendo de nadar en el mar. Como cada mañana. Siento un ‘déjà-vu’. He vivido mil veces este mismo momento. Como todas las mañanas, sé que éste será nuestro último encuentro. Sé que hoy está escrito el final.

Te espero medio desnuda, tumbada en mi hamaca. Te espero excitada. Te deseo. Ya llegas. Tu cuerpo mojado. Tu corazón alterado tras la última carrera. Separas mis muslos y me besas entre las piernas. Mi espalda se abre con éxtasis, como una flor en primavera. Devoras mi sexo. Recorres mi cuerpo arrastrándote hasta mi boca. Siento tu falo muy dentro. La pasión nos devora. Me golpea tu sexo. Extraigo el deseo de tus adentros. Hasta la última gota. Te vacío muy dentro, entre espasmos de fuego.

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