El monte de Venus

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Soy Venus, mujer caprichosa. La Venus de Erice, diosa del deseo y la pasión voluptuosa. La Venus de Milo, objeto inocente de la discordia. La Venus Victrix, justa y victoriosa. La Venus Verticordia. La Venus Obsequens. La Venus del Espejo, en la que reflejas tu alma, tu gloria y tus miedos. La Venus Anadiómena, surgida del mar. La Venus Urania, diosa guerrera del Universo celestial. La Venus de Médici, guardiana del conocimiento y la verdad. La Venus Calipigia, la Lubentina, la Genetrix, la Félix, la Murcia… Todas ellas o ninguna en mí encontrarás.

Recuéstate a mi lado. Ven aquí. Quiero sentirte más cerca. Si me besas los labios, te enseño el secreto que guardo entre mis piernas. Dame tu mano. No dudes. Es demasiado tarde para echarse atrás. Ríndete en mis brazos. Es lo único que deseas ya. Sabes que me adueño de tu mente. Pues resulta demente luchar contracorriente. Soy ese mar insurgente que te arrastra a mi lado una y mil veces, irremediablemente, en una eterna vorágine de deseo sexual.

Abre despacio mis muslos. Conten el aliento un segundo. Deja que mi sexo y su canto de sirena te hagan volar a mi mundo. Permite a tu dedos curiosear en los valles de mi monte. Imagina lo que, al otro lado, mi mar esconde. Acaricia mis suaves laderas. Adentra tu imaginación en todas mis cuevas. Deja que los ojos te arrebaten las fuerzas y al deseo sucumban tus ya mediadas resistencias.

Besa en silencio mis labios. Uno a uno. Bésame despacio. No tengas prisa. Hazme sentir el fragor de tu brisa contenido en tu aliento entrecortado. Hazme vivir ese momento entre la pérdida de control y la risa. Bésame con tus labios para que tu barbita de tres días no me haga cosquillas.

Bebe del arroyo de mi pasión. Sumérgete en mi húmedo universo. Acaricia mis muslos, mis caderas, mis pechos. Mantén firmes tus besos para que todo mi cuerpo arda entre llamas de fuego a la espera de su explosión. Jueguetea con tu mano en mi sexo. Adentra tus dedos en mi interior. No dejes de besar los misterios de mi monte de Venus. No dejes de avivar el volcán del deseo que hierve de ardor al amor de tu lengua y tus besos. Lame mi lava ardiente. Saborea el néctar de la huida consciente.

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