La vida es un milagro

image

Habida cuenta de que pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo, no resultaría desdeñable prestarle profusa atención a lo que sucede en nuestros sueños. Un diario de sueños podría llegar a ser una novela inmensamente más intensa que la historia de nuestro día a día. El tiempo corre distinto en los sueños. Un tiempo nada despreciable para esta nuestra breve vida.

Mis sueños siguen un patrón recurrente particular: paisajes fascinantes vistos desde perspectivas impensables; nadar en mil formas de agua, brava o calma; la lucha eterna contra el hombre oscuro, que alerta pero no ataca; trenes que vienen y van; amantes apasionados, que me hacen sentir hasta en lugares jamás imaginados; amigos o conocidos, que cambian de rostro e identidad sin sentido; o poder hablar con fluidez mil idiomas inexistentes a la vez.

A veces soy consciente, mientras duermo inconsciente, de que estoy soñando y de que la vida es un sueño demente e insensato. Despierta o dormida, la vida suena a dulce melodía, a gran mentira: ¡que se abra el telón! La vida no es un milagro, sino dos.

Te llevo en mis sueños a lugares que jamás has soñado, volando sin prisa, acostados sobre mi cama, apretados. En tu rostro una sonrisa. Y el deseo de poseerte bajo las mantas, entre risas. El vuelo me incita a rebuscar en mi mente el recuerdo consciente de nuestros cuerpos fundiéndose. El ardor, la pasión, el deseo, las ganas. Sueño con sentirte entre mis piernas, dormida en mi cama.

Continue reading

Advertisements