La relativa teoría de la relatividad

En pareja - Liliana Lucki

Todo es relativo. El espacio y el tiempo se manifiestan de forma diversa entre nosotros, observadores distantes, que se mueven a velocidades relativas constantes. Todo es relativo. La causa de la fuerza de gravedad es la atracción existente entre dos cuerpos latentes, el tuyo y el mío. Todo es relativo. Solo existe el movimiento relativo entre dos cuerpos definidos: el reposo de tu cuerpo es relativo al movimiento del mío. Todo es relativo. El movimiento está íntimamente relacionado con el tiempo: tu tiempo no es el mío.

Entre la multitud de gente que se mueve sigilosa y frenéticamente, el tiempo corre distinto. El desplazamiento es el mismo, pero cada individuo percibe su recorrido como un eterno destino, como un parpadeo efímero, o como el transcurrir de la vida que pasa tranquila para no regresar al principio. Mi tiempo es mío. Recorro tu cuello con mis labios, imaginando despacio el transcurrir de un remoto pasado. Camino de mi destino, camino sin sentir los minutos que van pasando. Siento tu presencia a mi lado. Domino mi tiempo en un sueño despierto. Me adueño del tiempo en mi sueño: tu tiempo es el mío.

La atracción existente entre mi cuerpo y el tuyo es patente, en mi universo o en el tuyo. Resulta demente imaginar ligeramente que dejes de desearme un instante, un momento, un segundo. Que mi aliento en tus labios no te provoque el impulso de perderte en mis caderas, mi cintura, mis muslos. Que rendirte entre mis piernas no suponga la más dulce derrota, una quimera, un triunfo. Resulta evidente que la distancia exaspera, porque es ir contracorriente, porque la atracción que nos acerca da paso a una explosión, a una fuga, a un tumulto. Un estallido que nos aleja hasta perdernos en un infinito distante; a pesar mío, a pesar tuyo.

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Mis labios

Jalomi - Liliana Lucki

Imagino tus ojos, en mis labios. Y me pregunto si solo desearás mirarlos. Los miras. Mis labios no se mueven. Los miras. En tu mente, fluyen palabras que surgen de ellos. De mis labios. En un susurro muy leve, te piden que los beses. No puedes. Tu cuerpo está paralizado. Atrapado. En mis labios. Cautivo en el deseo. Por mis labios. Tu sexo cobra vida al mirarlos. Pero no se mueve. No se atreve.

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