Las horas

El cerebro… Curioso invento de los dioses para jugar con nuestro pensamiento. El cerebro humano es como un iceberg. Bajo el agua, se halla un inmenso trozo de roca gélida que es nuestro inconsciente. Él recoge cada imagen recibida en nuestra retina, cada emoción sentida, cada experiencia vivida. Flotando en el mar, se encuentra nuestro subconsciente, plagado de filtros adquiridos: prejuicios, miedos, enseñanzas, el inconsciente colectivo y todo tipo de venganzas del alma que no nos permiten comprender quiénes somos. Sobre la línea de flotación, aparece una nimia parte de hielo que es nuestra parte consciente, donde llega solo aquello que filtra nuestro subconsciente desde nuestro potente inconsciente. Es decir, nos perdemos casi toda nuestra vida, dejamos de vivir y sentir la inmensa parte de cada día.
Durante el sueño, en la vigilia, aflora la voz de nuestro inconsciente que nos cuenta todo aquello que es importante y que no hemos podido comprender conscientemente. El tiempo tiene un transcurrir diverso en el sueño.

Un día soñé que se me acababa el tiempo. Corría hacia ti desesperada. Los Hombres Grises me buscaban para fumarse mi tiempo. El tiempo se me acababa y solo deseaba verte por última vez.

Tú estabas quieto en el andén. Me esperabas antes de coger tu tren que te llevaba a una nueva vida lejos de mí, como reportero gráfico en el Magreb. Al llegar a tu lado te besé. Tus labios recorrieron mi cara. Sentí tus manos apretar fuerte mi espalda. Aprisionabas mi cuerpo contra la pared. Estaba excitada, mi respiración entrecortada, mi sexo a punto de enloquecer. Me volviste de espaldas y entre mis faldas penetraste mi sexo una y otra vez. Cerré los ojos y al abrirlos, me desperté de repente tumbada boca abajo en mi cama.

Continue reading

Advertisements