La metamorfosis

Llevo una vida rutinaria. Mi trabajo de 9 a 5 cubre prácticamente mi jornada diaria y constituye básicamente mi principal relación con el mundo exterior. Soy entomóloga forense. Adoro mi profesión. Trato con bichos y con muertos. No sé cual de las dos especies me gusta más. Nunca se me ha dado bien tratar con la gente. Con la viva, quiero decir. Tengo la sensación de que, hoy por hoy en esta sociedad, el que no es deficiente mental resulta tan prepotente como para creer estar por encima del bien y el mal. No, no me gusta la gente. No la comprendo. No la puedo soportar.
Tengo, sin embargo, una debilidad social: el sexo. El sexo con gente. Ojalá encontrara placer haciéndomelo con bichos o con muertos, que son más fáciles de tratar. O siquiera, ojalá me gustaran las mujeres, que son infinitamente más interesantes e inteligentes. Pero, no. Es una condena y soy consciente: solo deseo al sexo opuesto. Y además el caso es que me muero por follar. Necesito sentir muy dentro, el calor de una piel sobre mi cuerpo, un peso, un aliento. Unas manos que hurguen mi boca, mis labios, el interior de mi sexo.

Continue reading

Advertisements