La sociedad de la decepción

Irene - Matilde Alonso Salvador

Era la era del vacío, del hedonismo, del crepúsculo del deber, del imperio de lo efímero. Ella era la tercera mujer. Vivía en los tiempos hipermodernos, del lujo eterno, de la felicidad paradójica, del conocimiento y del saber. Pero su búsqueda era infructuosa: buscaba la verdad en los sentidos, en los cuerpos, en el alma y el placer.

A falta de ideologías, de luchas sociales activistas, de metas morales altruistas, Ella vivía una vida plenamente vacía. Consumista compulsiva de libros de poesía, de clásicos de la filosofía, de teorías científicas y pinturas surrealistas, Ella pasaba sus días distraída, imbuida en sueños de amores ideales, de mundos mágicos interdimensionales, de aventuras erótico-sensuales. Vivía en una burbuja, sin que el norte ni el sur aparecieran jamás en su brújula. No sabía qué quería: solo sabía que quería querer.

Fruncía a su cuerpo un vestido rojo y negro, escotado. Su cabello corto de ébano, ensortijado. Con el corazón a pecho abierto, casi en su mano, salía Ella cada noche en busca de un amor que la llevara lejos, sin reproches, de la soledad, de la decepción, de la vida vacía a la que ella misma se sometía intentando encontrar razón en la sinrazón.

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