Un personaje en busca de autor

Harmony

Soy un personaje en busca de autor. Aún no existo, porque nadie me ha imaginado todavía. No tengo nombre, ni rasgos, ni personalidad, ni contexto, ni tampoco tengo vida. Deseo existir, pero solo no puedo. Deseo nacer en la fantasía prolífica de un autor de cuentos, de cuentos de amor y sexo desearía. Deseo llenar páginas de historias fantásticas y surrealistas; o protagonizar encuentros de ensueño en lugares ficticios, fruto de alguna bella paranoia o letanía.

Puesto que no tengo autor, aún no sé cómo será mi vida. Y puesto que no existo, no puedo imaginar, no disfruto del don de la fantasía. No sé si seré hombre o mujer; o ser inanimado; tiempo o espacio; calma o tempestad; personaje ficticio o real; cuerdo o loco; traidor o leal. Como no existo, solo puedo observar en mi inexistencia qué es lo que ocurre en la cotidianidad de cualquier otro ser real.

Seré quizás el fogoso amante, embelesado por la isla, que se dejaba hipnotizar por la mujer ardiente en sus juegos eróticos en Sicilia. Aquel que se sentía poseer, su cuerpo prisionero bajo la feminidad a horcajadas; sumiso al placer del vaivén de las caderas tempestuosas de su cicerone amada.

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Sueño en Sicilia II (Reggio Calabria)

Mosaico

Capítulo II
Reggio Calabria

Red sea light

Apostados sobre la barandilla, desayunamos un cornetto mojado en limonata. Contemplamos Messina acercándose a nuestras miradas. Las vistas son embriagadoras, y por ello nos ofuscamos en respirar profundamente los escasos minutos que nos concede la travesía del estrecho en el Traghetto. Desdeñamos los primeros colores del sol que despunta a nuestras espaldas. Nuestras miradas navegan ansiosas hacia el oeste, en busca de las mil galaxias que esconde el cielo de Messina aún estrellado. Me haces una foto, ante un universo enmarcado.

Te atrapo entre mis brazos, contra la barandilla. Me sumerjo en ti. En tu mar. Nuestros sexos se atraen mutuamente, como si encontraran así cómodamente su posición natural. Te miro. Te doy un beso. Te miro. Acerco mi cuello. Te respiro. Te beso. Te miro. Despierto tu deseo. Siento tu sexo excitado. Ya eres mío, de nuevo. El viento fresco de la madrugada me revuelve envidioso los rizos sobre la cara. Pero tu boca se abre paso a través del viento. Mi cuerpo está dispuesto. Mi sexo anhela de nuevo el momento.

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