La vida es un palíndromo

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Creía Sandro Veronesi, inmerso en un estado de caos calmo, que la vida no es un palíndromo, porque nada en ella retorna. Pero el mito del eterno retorno alude al hecho de que una vida que no retorna, haya sido bella u horrorosa, carece de peso, es como una sombra. Quizás la vida sea un palíndromo. O quizás no. A fin de cuentas, en esta vida se es o no se es. Todo puede ser o no ser. O quizás, todo lo contrario.

No recuerdo cómo nos conocimos. Ni tampoco cómo nos separamos. Recuerdo la soledad. Entonces llegaste a mí, nos amamos, y desapareciste como habías llegado, dejando de nuevo sitio a mi soledad. Luego todo volvió a empezar. El amor ha de ser palíndromo para poder ser reconocido.

Quedamos para tomar un café. Te fui a buscar en mi coche y nos fuimos por ahí a darnos besos…

A solas en el coche, me besaste en la cara, en la nuca, en el cuello. Y me susurraste al oído que me deseabas, que cada día te masturbabas pensando en mí, aun desde antes de llegar a conocerme. Me susurraste que me lo ibas a hacer tan despacio que el placer me haría enloquecer.

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