Memoria del fuego

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Historia de un instante

El descubrimiento
Un día cualquiera, el deseo me invadió por dentro. Sin compasión, con saña, sin que la cordura de la moralidad ajena pudiera evitar que cayera en su deliciosa tela de araña.

El instinto
Una fuerza incontrolable procedente del milagro del universo despertó en mí el insisto de amar: el amar de los cuerpos. Un instinto ancestral que todos llevamos en nuestro interior, grabado a fuego.

El fuego
Ardieron en mí todos mis sistemas conscientes de control, en un desgarrador ardor de luz y pasión.

La luz
Desde la oscuridad protectora de mi caverna platónica de la razón, la luz cegadora del deseo encendió mis más terribles miedos.

El miedo
La luz del deseo me hizo temblar de incertidumbre y miedo. Porque nada tememos más que descubrir qué se esconde en el interior de nuestros avernos.

La pasión
Una lucha titánica me dio la razón pero la pasión me desarmó en un momento. El deseo tomó las riendas de mi cuerpo.

Las cuatro paredes
La fuerza sobrehumana del deseo nos atrapó a las dos en aquella habitación cerrada. Y rendidos en cuerpo y alma, nos entregamos a los embrujos del amor de los cuerpos y las ganas.

Los labios
Tus labios susurraron infinitamente mi nombre. Y su letanía despertó en mí una voracidad sexual desde hacía tiempo aletargada.

Los oídos
Las voces silenciosas del deseo ensordecían el clamor de aquella habitación vacía. Pero la dulce melodía que el deseo entretejía logró acallar el remordimiento de nuestras azarosas vidas.

La espalda
Al recorrer con tus dedos mi espalda, descubriste el mapa estelar desplegado entre mis hombros y el despertar de mis nalgas. Una carta esférica que nos llevaría en una bola de fuego, imparable a través de mares y cielos, hasta más allá de los confines del universo.

La cabellera
Mi melena negra enmarañada desplegó su espesor y formó un lecho de evasión y de fuego para que yaciéran a su abrigo nuestros cuerpos.

Los pechos
Mis pechos ardiendo se deshicieron en tus besos, como vulnerables dunas del desierto, como arena dorada barrida por el viento, como preámbulo del sueño de una caótica explosión.

Las manos
Mis manos sabias, ligeras, se enredaron entre tu cuerpo, desabrochando uno a uno cada botón de acero de tu ya desbocado deseo.

Las caderas
Tus manos pequeñas sucumbieron al embrujo de la marejada de mis caderas. Aferradas a mi cintura, me arrojaste enardecido sobre la calma endiablada de mi negra melena.

Los muslos
Mi canto de sirena te movía irremisiblemente a desvelar impaciente el secreto que alberga mi cuerpo entre las piernas.

Los sexos
Rendido al pie de mi montaña, tu mirada desataba en mi sexo un mar de ganas. Mis labios ardientes te llamaban. Tu boca se diluía en llamas y te entregabas al dulce vino de mi pasión enajenada.

Los gemidos
Ebrio de deseo, todo tu cuerpo se erigió ante mí como un gigante de fuego. Gemí de pánico y anhelo porque tu sexo erguido ardiera en mi sexo.

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El monte de Venus

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Soy Venus, mujer caprichosa. La Venus de Erice, diosa del deseo y la pasión voluptuosa. La Venus de Milo, objeto inocente de la discordia. La Venus Victrix, justa y victoriosa. La Venus Verticordia. La Venus Obsequens. La Venus del Espejo, en la que reflejas tu alma, tu gloria y tus miedos. La Venus Anadiómena, surgida del mar. La Venus Urania, diosa guerrera del Universo celestial. La Venus de Médici, guardiana del conocimiento y la verdad. La Venus Calipigia, la Lubentina, la Genetrix, la Félix, la Murcia… Todas ellas o ninguna en mí encontrarás.

Recuéstate a mi lado. Ven aquí. Quiero sentirte más cerca. Si me besas los labios, te enseño el secreto que guardo entre mis piernas. Dame tu mano. No dudes. Es demasiado tarde para echarse atrás. Ríndete en mis brazos. Es lo único que deseas ya. Sabes que me adueño de tu mente. Pues resulta demente luchar contracorriente. Soy ese mar insurgente que te arrastra a mi lado una y mil veces, irremediablemente, en una eterna vorágine de deseo sexual.

Abre despacio mis muslos. Conten el aliento un segundo. Deja que mi sexo y su canto de sirena te hagan volar a mi mundo. Permite a tu dedos curiosear en los valles de mi monte. Imagina lo que, al otro lado, mi mar esconde. Acaricia mis suaves laderas. Adentra tu imaginación en todas mis cuevas. Deja que los ojos te arrebaten las fuerzas y al deseo sucumban tus ya mediadas resistencias.

Besa en silencio mis labios. Uno a uno. Bésame despacio. No tengas prisa. Hazme sentir el fragor de tu brisa contenido en tu aliento entrecortado. Hazme vivir ese momento entre la pérdida de control y la risa. Bésame con tus labios para que tu barbita de tres días no me haga cosquillas.

Bebe del arroyo de mi pasión. Sumérgete en mi húmedo universo. Acaricia mis muslos, mis caderas, mis pechos. Mantén firmes tus besos para que todo mi cuerpo arda entre llamas de fuego a la espera de su explosión. Jueguetea con tu mano en mi sexo. Adentra tus dedos en mi interior. No dejes de besar los misterios de mi monte de Venus. No dejes de avivar el volcán del deseo que hierve de ardor al amor de tu lengua y tus besos. Lame mi lava ardiente. Saborea el néctar de la huida consciente.

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Sé qué deseas

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Reposo distraída mi cabeza en tu regazo.
Cierro los ojos y me acaricias los párpados.
Dibujas despacio mis labios con los dedos.
Enredas tus manos en mis cabellos negros.
Mi mejilla inocente despierta tu sexo.
Jugueteo traviesa a ver si te muerdo.
Lamo tus dedos y te pido permiso.
Tu pantalón casi revienta sin previo aviso.
Te desabrocho; voy a ver qué encuentro.
Surge firme tu sexo: una furia sin freno.
Lo acaricio suave con las yemas.
Un deseo brutal se desencadena.
Todo tu cuerpo se azora.
‘Házmelo. Cómemela ahora.’
Sonrío melosa: ‘Te voy a hacer de rabiar.
Pídemelo de nuevo. Quiero oírte suplicar.’
Atrapo tu sexo entre mis manos.
Lo rozo apenas con mis labios.
Contengo el aliento. No lo muevo.
Dejo que crezca en ti el deseo.
Observo cómo tu cuerpo se estremece.
La tensión en tu miembro se enardece.
Agarras desesperado mi cabeza.
Yo retiro tus manos con delicadeza.
‘Te la voy a comer. Sé paciente. Espera.
Lo haré solo cuando yo quiera.’
Te tengo. Tu voluntad es mía ahora.
Tu deseo. Tus sueños. Tu razón. Tu polla.
La devoro entera hasta la garganta.
Un gemido mudo se ahoga en tus ganas.

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Tango

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Te enloquecen mis piernas. No intentes detenerlas. Lo sé, te marean. Bailan demasiado rápido, a un ritmo diabólico, desenfrenado. Demasiado evidentes, casi dementes, demasiado ardientes… para tu polla dura.

Acércate a mi aliento. Agarra mi mano extendida. Engánchate a mi cintura. Dejaré que creas que me tienes, que soy tuya. Siento en mi piel tu calentura. Te atrapo firme contra mi vientre. Me alejo de repente. Mi mirada es tu tortura. Y tu polla… sigue dura.

Tango. Tu locura.

Desnuda con los ojos mi espalda. Deséala ahora. Desea besarla. Corre tras de mí. Si no te das prisa, ya no me alcanzas. Me acaricias las nalgas. Su curvatura es tu premura. Te la pongo tan dura…

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La novena inteligencia

El Diccionario de la Real Academia Española define la inteligencia como la «capacidad para entender o comprender» y la «capacidad para resolver problemas». La inteligencia también está ligada a otras funciones mentales, como son la percepción y la memoria.

Howard Gardner, neuro-psicólogo, pedagogo e investigador en la universidad de Harvard, propone en 1983 la teoría de las inteligencias múltiples. Esta teoría establece que la inteligencia no es algo unitario, sino un conjunto de inteligencias múltiples, distintas y semi-independientes.

Según esta teoría, existirían 8 tipos distintos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, naturalista, intrapersonal e interpersonal.

Sin embargo, yo inventaría una novena inteligencia que sirviera de vínculo para todas ellas y recogiera el carácter más humano de una sociedad universal: la capacidad de amar.

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Placebo

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Aléjate de mí. Llévate lejos los miedos. Aleja tus manos de mí. Aleja tu sexo, tu boca, tu cuerpo. Aléjate al fin, para que vuelvas a mí y te sueñe despierta en mis sueños. Aleja de mí tu presencia, para que la intensidad de la ausencia no me haga sufrir. Ven aquí. Te hipnotizaré con un beso y soñarás con volver a vivir la pasión junto a mí.

Shhh… Quítate la ropa. Deja que vea tu cuerpo desnudo. Deja que acaricie tu cuello con mi aliento húmedo, que mis labios apenas te rocen, que la inmensidad de tus manos me arrebate las ganas de sumergirme en ti. Shhh… Acércate a mí.

Estás aquí. Siento tu respiración acelerada. Siento mi boca entreabierta devorada en tu mirada. Siento tus manos ardiendo por escabullirse bajo mi falda. Siento tu sexo rígido anhelando un leve roce de mi piel. Siento que estás a punto de enloquecer. Pero no te puedes mover. Porque éste es mi sueño. Y voy a hacerte aullar de placer. Voy a hacer que el deseo te devore por dentro. Estás atrapado en mis juegos. Ríndete ahora, antes del amanecer.

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Dejar de desearme

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Cómo quieres dejar de desearme, cuando yo aún me muero por besarte. Dejar de soñar mis labios excitados, mis besos húmedos, mis ojos, mis manos.

Cómo pretendes dejar de amarme, cuando yo aún me muero por follarte. Dejar de desear mi sexo mojado, mi cuerpo tuyo, mis pechos, mis labios.

Cómo quieres olvidarme, cuando un día creíste amarme. Dejar de desearme, cuando aún me deseas tanto que ya no estás a salvo en este mundo imaginario. Dejar de desearme, cuando soy solo tu fantasía, un cuento, una canción. No permitas que me convierta en tiranía, en monstruo, en obsesión. Libera tu imaginación. Desea solo follarme, en tus sueños, de noche o de día, despacio o deprisa. Desea solo eso, mi amor.

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La Torre de Babel

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Todos podemos ser multilingües. El multilingüismo es una capacidad intrínseca al ser humano. No innata sino adquirida. El aprendizaje de los idiomas desarrolla el lóbulo frontal del cerebro, en el área de Broca, permitiendo la adquisición de habilidades que van más allá de la mera comunicación oral o escrita, como son el entendimiento del lenguaje corporal, del simbolismo o incluso del pensamiento. El multilingüismo en el hombre se convierte en un acto reflejo, casi inconsciente. Es decir, se deja de saber en qué idioma se está viviendo hasta que, en un determinado momento, un hecho externo nos saca de nosotros mismos para hacernos tomar conciencia de en qué idioma estábamos sintiendo. El multilingüismo está vinculado a cada una de las múltiples almas que, a lo largo de su vida, desarrolla el hombre en su interior.

Aquella noche, mi amante y yo hablábamos saxón. Con él todo sucedía a toda prisa, en un espacio reducido y a media luz. Las palabras escaseaban para dar paso a los jadeos del alma que el ardor de nuestros cuerpos provocaba. Los besos se entremezclaban con el penetrar brusco de su sexo, en una vorágine de deseo inasible y sentimientos: lenguas de fuego ardiente luchando por devorarnos mutuamente. Su cuerpo se fundía en mi cuerpo, volviéndolos indistinguibles a la escasa luz de aquella habitación. Me corría una y otra vez. Todo ocurría deprisa. Y tan rápido como empezó nuestra breve historia de amor, asi acabó.

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La vida es un palíndromo

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Creía Sandro Veronesi, inmerso en un estado de caos calmo, que la vida no es un palíndromo, porque nada en ella retorna. Pero el mito del eterno retorno alude al hecho de que una vida que no retorna, haya sido bella u horrorosa, carece de peso, es como una sombra. Quizás la vida sea un palíndromo. O quizás no. A fin de cuentas, en esta vida se es o no se es. Todo puede ser o no ser. O quizás, todo lo contrario.

No recuerdo cómo nos conocimos. Ni tampoco cómo nos separamos. Recuerdo la soledad. Entonces llegaste a mí, nos amamos, y desapareciste como habías llegado, dejando de nuevo sitio a mi soledad. Luego todo volvió a empezar. El amor ha de ser palíndromo para poder ser reconocido.

Quedamos para tomar un café. Te fui a buscar en mi coche y nos fuimos por ahí a darnos besos…

A solas en el coche, me besaste en la cara, en la nuca, en el cuello. Y me susurraste al oído que me deseabas, que cada día te masturbabas pensando en mí, aun desde antes de llegar a conocerme. Me susurraste que me lo ibas a hacer tan despacio que el placer me haría enloquecer.

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Merci, M. Tiersen !

It was a blind date. We met on the Internet. I used to blog short stories of love and sex. You used to read me in your room, quiet in the dark, late at night. Your desire was lit with every word you read in my mind: sultriness, tenderness, lust, passion and fire.

Although we never got to meet, we lived hundreds of love affairs, passionate sex and day dreams. Dreams of sultry tales, romance, tragedy and despair. Bitter and sweet. Love and pain. We travelled together through my fantasy. Dream lovers. Blind sex. Deep emotions. Unreal and intense. Is not this love as well?

One day, you booked me a ticket for a concert of Yann Tiersen and sent it to me by email. I named you then the hero of all of my tales. I printed out my ticket and got dressed. I knew I could recognised you anywhere. So I turned up that evening at the venue with my desire on fire and my fantasy as a dress.

Front stalls. Row J. Seat no. 9. You were not there. I waited and waited and almost despaired. But the show started on. Yann Tiersen turned up. The lights went off. His voice filled up the air and I let myself be seduced by his rebel look, young and aged, unaffected, magic genius, insane and sane, and his strong ‘accent français’. I gave in to him and let my soul be caressed.

Out of the blue, your presence made it through. You took you seat. Your body scented my space. My desire suddenly rised higher. I stroked your skin with my fingertips. No need to look you in the eye, since my mind figured you out clearly in the dark. I knew you so well. We had been together in thousands of dreams. I raised your chin and we kissed.

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Enlighten my soul

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Era mi última exposición. Había decidido retirarme y encamimar mi vida por otros derroteros, hacia el mecenazgo de jóvenes artistas. Escogí para la ocasión una coqueta galería londinense, recogida entre los recoletos muelles de Santa Caterina.

El proyecto consistía en una obra de ingeniería lumínica: ‘Enlighten my soul’. Un recorrido de apenas 60 pies simbolizaba el camino de la vida. Al inicio del mismo, el visitante se sometía a un complejo mecanismo de sensores eléctricos y cañones de luz que proyectaban sombras de colores sobre una pantalla gigante al fondo del recorrido. Los sensores detectaban las formas del cuerpo y el calor generado por el estado anímico del visitante. Pero también abundaban en sus pasiones, sus miedos, sus expectativas…, detectaban su alma. Leían secretamente, cual polígrafo agazapado, la mente y el corazón del visitante. Todo ello, tenía como objeto proyectar en la sábana blanca el color del alma de cada individuo, su película vital. Ésta, en continuo movimiento, cambiaba de forma, color e intensidad a medida que el visitante se desplazaba por los 60 pies que recreaban el transcurso de su vida.

Te vi llegar. Algo en tu aura me hizo detenerme a observar de qué color sería tu alma. Parecías divertido al leer las explicaciones al inicio del recorrido y no dudaste un instante en someterte a mi mágico experimento lumínico. Supe en ese momento que serías mío.

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Lady Godiva

Lady Godiva - John Collier

Éramos la generación perdida. Presa del miedo y de la codicia. Esclavos de nuestro tiempo. Sometidos a un único pensamiento. Anhelantes de la materia, de lo efímero, de lo etéreo. Piezas inútiles de un juego perverso. Súbditos de la ambición. Carentes de mitos, más que los de la supremacía del poder y del terror. Ayer como hoy. Hoy como cualquier otro tiempo.

Reinaba en mis sueños Lady Godiva. Una mujer que se rebeló contra el ocaso del creer, contra la futilidad de nuestro día a día, contra la ausencia de risas, contra la injusticia de esta tiranía que adormece nuestros sueños hasta hacerlos desaparecer. Rebelde sin causa, luchaba contra la sumisión a una rutina insensata, a una vorágine de prisas falsas, a una vida fútil y anodina, carente de razón de ser, carente de esperanza, carente de un nuevo amanecer.

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La única certeza

Mar

El hombre ha tenido una única certeza absoluta a lo largo de la historia de la humanidad: «lo único que sabemos con certeza en esta vida es que moriremos algún día».

Esta certeza aún sigue vigente en nuestra sociedad. Sin embargo, el hecho de ser conscientes de cuándo se producirá la propia muerte hace que, hoy por hoy, enfoquemos la vida de otra manera. En nuestra época actual, 4 siglos después de que Charles Darwin diera nombre a nuestra ciudad, tanto vida como muerte están tecnológicamente programadas y controladas por los servicios públicos. Y estos datos son, además, de libre acceso a voluntad del interesado.

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La embriaguez de tu metamorfosis

Dicen que el tiempo es un gran escultor. Escultor que nada esculpe sino que entierra a dos metros bajo tierra el desamor. Desamor como muerte del alma, sepultado con honores en nuestro cementerio interior. Interior azotado por el tiempo. Tiempo como viento del desierto, que remueve las dunas para borrar las huellas. Huellas que no desaparecen sino que quedan ocultas cada día bajo otra capa muy fina de arena. Arena que esconde a los ojos del hombre las penas. Penas visibles por siempre a los ojos del corazón.

Christine atendía cortés y paciente a los clientes que se sucedían cada día en su pequeña estafeta de correos. Su voz y sus manos actuaban inconscientes; mecánicamente; independientes de su fantasía, que viajaba perdida hacia otros rostros y otros cuerpos. Yo la observaba detrás del cristal, con la invisibilidad fantasmal que se nos otorga a las ánimas perdidas que vagamos inmortales entre el mundo de los vivos y los muertos.

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Aritmética emocional

Del amor, el sexo y otros demonios
Según el Teorema de incompletitud de Gödel, un sistema completo, donde toda proposición puede ser demostrada o refutada dentro de él, es inconsistente. Y un sistema consistente, exento de paradojas y contradicciones, es incompleto. Todo sistema lógico de cualquier complejidad es, por definición, incompleto.

Es acaso el amor inconsistente, cuando me invaden furiosamente las ganas de tenerte, de atraparte entre mis piernas con una pasión ilógica, demente. Es acaso el amor consistente, cuando tu imagen me nubla la mente, cuando el deseo irresistible de poseerte absorbe como un agujero negro ardiente todo rayo de luz y razón inteligente.

Un axioma es una verdad que no necesita demostración. Y una paradoja es una proposición incoherente, porque se contradice a sí misma vehementemente. No es acaso el amor axioma incoherente, pues te deseo sensata y paradójicamente, luchando contra el anhelo de alejarte y de tenerte, incomprensiblemente, sin lugar a duda ni explicación. No es acaso el amor un sistema coherente, demostrable y refutable constantemente, con la implícita lógica laberíntica de su sinrazón.

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En las profundidades de mi propio yo

Jason Shawn Alexander

Me dejo flotar, sumergida en la oscuridad densa de mi propio yo. No necesito luz para ver lo que ocurre en mi interior. Solo veo agua clara, un mar en llamas. Nado sin buscar la orilla. Mi propio líquido amniótico me acaricia, me da calor.

Cierro los ojos para ver mejor. Observo mis brazos tararear una danza sencilla, creando formas tenues de luz amarilla. Me inunda la calma. No tengo prisa. Suena en el agua una canción.

Mis muslos se abren al ritmo leve del latido de mi corazón. Me lleno de agua, de esperanza, de vida. Pierdo la respiración. Mi cuerpo ya no la necesita. Nado entre risas. Todo sucede despacio en los mares profundos de mi propio yo.

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Era el mejor de los tiempos

«Era el mejor de los tiempos; era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría; y también de la locura. La época de las creencias y de la incredulidad. La era de la luz y de las tinieblas…»
Sentado en un banco frente a este laberinto de rosales con espinas, de caminos intrincados por los que me lleva la vida, redacto sobre el papel de la memoria futura mi elogio a la locura. Quizás, mi elogio a la necedad.

Nunca me atreví siquiera a preguntarte tu nombre. Jamás llegué siquiera a acercarme a ti. No necesitaba saber quién eras, pues te había convertido en un personaje de novela, con tu pasado y tu presente ya escrito en mi cabeza. Inventé tu vida, tu familia, tu trabajo, tus gustos, tus aversiones; toda tu historia. Imaginé hasta un futuro certero que diseñé solo para ti. Hice de ti un avatar casi perfecto, personificación de lo divino y de lo humano, de lo efímero y de lo eterno. Te regalé todos mis sueños. Solo para poder amarte así.

Te hacía el amor a solas cada noche. Tú leías el mapa de mi piel con mil caricias sin roce. Me perdía entre tus montes de la locura, al besar tus pezones excitados. Tus muslos abiertos aguardaban mi cuerpo pesado, para albergar en tu sexo mi tesoro más deseado. Entregado a mil besos no dados, me sentía dentro de ti. Acariciaba tus párpados, tus sienes, tus mejillas. Recorría en un suspiro cada palmo de tu espalda, cada línea de tu rostro, cada estrella de tu piel. Te conocía tan bien que ni el mismo dios que te había creado habría recordado tanto detalle fiel. Me creía dueño de ti, amo de todo tu ser.

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La relativa teoría de la relatividad

En pareja - Liliana Lucki

Todo es relativo. El espacio y el tiempo se manifiestan de forma diversa entre nosotros, observadores distantes, que se mueven a velocidades relativas constantes. Todo es relativo. La causa de la fuerza de gravedad es la atracción existente entre dos cuerpos latentes, el tuyo y el mío. Todo es relativo. Solo existe el movimiento relativo entre dos cuerpos definidos: el reposo de tu cuerpo es relativo al movimiento del mío. Todo es relativo. El movimiento está íntimamente relacionado con el tiempo: tu tiempo no es el mío.

Entre la multitud de gente que se mueve sigilosa y frenéticamente, el tiempo corre distinto. El desplazamiento es el mismo, pero cada individuo percibe su recorrido como un eterno destino, como un parpadeo efímero, o como el transcurrir de la vida que pasa tranquila para no regresar al principio. Mi tiempo es mío. Recorro tu cuello con mis labios, imaginando despacio el transcurrir de un remoto pasado. Camino de mi destino, camino sin sentir los minutos que van pasando. Siento tu presencia a mi lado. Domino mi tiempo en un sueño despierto. Me adueño del tiempo en mi sueño: tu tiempo es el mío.

La atracción existente entre mi cuerpo y el tuyo es patente, en mi universo o en el tuyo. Resulta demente imaginar ligeramente que dejes de desearme un instante, un momento, un segundo. Que mi aliento en tus labios no te provoque el impulso de perderte en mis caderas, mi cintura, mis muslos. Que rendirte entre mis piernas no suponga la más dulce derrota, una quimera, un triunfo. Resulta evidente que la distancia exaspera, porque es ir contracorriente, porque la atracción que nos acerca da paso a una explosión, a una fuga, a un tumulto. Un estallido que nos aleja hasta perdernos en un infinito distante; a pesar mío, a pesar tuyo.

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Si una noche de invierno un amor…

Train in the snow-Monet

Abro los ojos y me encuentro de repente en la misma estación. Como un sueño reincidente. Mi viaje comienza, vacila, continúa, se adentra y termina siempre en esta misma estación. Veo los trenes que parten y llegan, que pasan sin pausa a toda prisa. Cojo uno tras otro para regresar siempre a esta misma estación. Ésta es mi vida.

La niebla me ciega y apenas percibo a nadie a mi alrededor. En el andén 19, espero el tren de las 7:21 que me lleva a directo a Liuvalov. Tengo instrucciones de encontrarme con un enlace, aunque no sé con certeza cuál es esta vez mi misión. Me instalo en el compartimento 17, sin deshacer mi pequeña maleta. Apenas el tren parte, invades mi espacio, cierras la puerta tras de ti, y la estancia se impregna de tu olor, de la eterna esencia a ti. Antes de que me dé cuenta, siento tu cuerpo sobre mí haciéndome el amor. Veo las estaciones pasar a toda prisa, sin que el tren se detenga. Las veo una tras otra en mi imaginación. Solo siento tu cuerpo pesado sobre mi cuerpo; tu sexo penetrándome con rabia, con una furia insensata, como si supiéramos los dos que el tren está a punto de descarrilar y nuestras vidas a punto de terminar en un adiós.

Abro los ojos despacio y reconozco mi eterna estación en la ventana. Me arreglo. Me bajo con cuidado, llevando debajo del brazo un sobre con instrucciones para continuar mi misión.

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Esta noche te rindes a mí

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Esta noche te rindes a mí. Eres mío. Finalmente te tengo. Esta noche eres solo para mí. Eres presa de mis juegos. Siento tu cuerpo excitado, dispuesto, rendido, entregado; atrapado en mis ojos, tan cerca de mí. Esta noche eres mío, amor mío. Te haré el amor hasta hacerte perder el sentido, hasta hacerte estremecer. Ven…

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Albertine

Albertine

Albertine despareció de mi vida una tarde de verano. Su ausencia impregnó mi cuerpo y mi cama de la humedad y el frío de un invierno huraño. Albertine abandonó mis ganas, mi vida, y partió en busca del tiempo perdido con mi corazón en su mano y sin una despedida.

El sufrimiento es un golpe emocional impuesto que, como la energía, jamás desaparece sino que se transforma. El sufrimiento tiende a cambiar de forma, pero ya jamás perece y por siempre nos ahoga. Nos sumergimos en otros proyectos, otros cuerpos, otras manos, esperando que ese sufrimiento se volatice y nos abandone presto tal y como nos sorprendió de repente, sin ser llamado. Pero la cobardía que nos lleva a rehuir ese dolor no es suficiente para abatir la ausencia de ese amor perdido, pasado.

Albertine llenaba mis días de caricias de alegría. Me acostumbré a que fuera siempre mía. Su sexo siempre estaba dispuesto a saciar mis ansias, mi deseo; como una rima en verso que te traen los rayos del sol que despunta inevitablemente cada día. Su existencia me pertenecía, su cuerpo existía para saciar el mío. Solo el verme gozar la complacía. Albertine era solo mía. Su marcha es un ultraje a mi razón de ser, una violación a mi derecho al placer, un atentado contra mi felicidad, contra todo mi ser. Albertine no tenía derecho a abandonarme y dejar a cambio de su presencia el sufrimiento de su ausencia. Es un ser odioso e inhumano, Albertine. Su traición le costará la vida.

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