Los amantes de la isla de Krk

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Llegué a la isla de madrugada, navegando a la deriva por la escarpada costa este de la isla de Krk, cortando la risa del mar a 45 grados. Soñando al timón, huía de una orden de busca y captura emitida por el sacrosanto gobierno de la República de Venecia. En estos días, una mujer en búsqueda de la verdad no está demasiado bien vista.

El viento arreciaba. Mecida por el sueño y la falta de agua, naufragué acariciada por el sol y las olas en la bahía de Baška. Soñé que eran tus besos en mi espalda los que me despertaban. Sentí tu sexo sobre mis nalgas, atrapada sobre la arena bajo tu piel empapada. Deseé que me amaras en aquel preciso momento. Pero como una fata morgana, tu cuerpo se desvaneció como un susurro de viento.

Tras recobrar el valor para seguir viva, me dejé guiar por el alma hasta una ermita vacía, en la montaña de Jurandvor. Una vez al abrigo del sol, casi desmayada sobre la piedra fría, en un estado hipnótico-onírico, el rumor de unos pasos desconocidos devolvieron mi pulso a la vida.

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