Messier 45

Somos polvo de estrellas, cree el hombre. Yo también quisiera serlo, pero no lo soy. Alcíone es uno de mis nombres. Soy una estrella azul múltiple, de considerables encantos. Dicen que el sol gira a mi alrededor. Aunque Newton discrepaba. Soy una y varias. Desde 1771 de la era del hombre, a toda mí Messier 45 llaman. A mí y a mis almas hermanas. Aún nos quedan 250 millones de años para convertirnos en nada. Yo hoy soy la más brillante de mi cúmulo de entre mis otras ocho almas: Atlas, Electra, Maya, Mérope, Taígeta, Pléyone, Celaeno y Tauri. Perseguidas por Orión, Zeus terminó por transformarnos primero en palomas y luego en estrellas. Aún tengo la vida por delante para seguir brillando en la noche del hombre. Para ser deseada y soñada como una divinidad de luz.

Paso mi tiempo desentrincando la calibración de las distancias en el universo. Ese deseo de conocimiento por construir una escala cósmica de distancias que me aleje de esta inmensa ausencia de alma y me acerque a la nada que te rodea a ti. Según mis mediciones, apenas 136,131 pársec nos separan. Distancia vana: apenas 444 años luz. En un abrir y cerrar de ojos, estoy a tu lado. Soy medidora del tiempo, del tiempo distante hasta ti.

Entre las leyendas que de mí cuentan, soy ninfa en el cortejo de Artemisa. O Krittika, que crió al dios Kartikeia. O ninfa del Jardín de las Hespérides. O Motz, 400 almas tomadas por Gucumatz el Gran Corazón del Cielo. O Kima. O la cola de serpiente de cascabel maya. O la Tianquiztli, danza del fuego nuevo azteca. O la Collca quechua. O la Matariki maorí, símbolo de inicio del año nuevo y origen de la humanidad. O diosa venerada por los egipcios como divinidad estelar superior. O las siete cabritillas según Cervantes. Hasta en mi nombre, se defendió la dignidad de la lengua francesa como lengua culta y bella.

Me ausento de tu cielo nocturno entre el 3 de mayo y el 9 de junio. Me ausento con puntualidad británica para recordarte que tus ganas ya no pueden resistir. Tus ganas de estar dentro de mí.

Continue reading

Mientras te amé

image

“Ahora soy más feliz. ¿Importa eso? Sé que mientras te amé estuve vivo.”
José Luis García Martín

Nuestra misión en la tierra había concluido y mi tripulación estaba lista para regresar.

Sentí el final de la misión como un tren desbocado, a mil por hora, a punto de descarrilar. Lo vi llegar implacable y sentí cómo me arrollaba sin piedad. Todo ocurrió tan deprisa que apenas hubo tiempo para recordar. En un instante, la explosión destruyó los recuerdos, los besos, las caricias, las risas, tu cuerpo contra mi cuerpo, mis manos en tu sexo, la pasión a toda prisa. Todo el amor se desmaterializó en un momento para dejar paso a un vacío descomunal. Un vacío que devoró el dolor, las lágrimas, la frustración, la impotencia. Un vacío calmo y acogedor que abrió camino a la alegría de sentirme viva una vez más.

Mi planeta está habitado por una civilización de sofisticada inteligencia. Los increíbles avances neurológicos alcanzados han degenerado en una conciencia pública de la incapacidad amatoria de mis congéneres. Nos convertimos en una sociedad ataráxica de seres incapaces de sentir, subyugados a la desidia de ser amados, egoístas y mimados, totalmente inaptos para el placer sublime de amar.

Continue reading